No hay nada como entrar al espacio de otro,
No hay nada como entrar en la cabeza de otro,
Y comenzar a pensar de una forma diferente.

domingo, 30 de marzo de 2014

Usted y mi tremenda osadía.

Parece que la intención se pelea conmigo por usted,
Y trato de entender porque siempre debe ser así.

Yo si tengo un mundo aunque usted piense lo contrario,
Está lleno de notas musicales e historiales de desamor.

¡No! Ya no mencionaré de nuevo la palabra.

Hoy, aprendí un nuevo método para no llorar,
Se le llamaba orgullo pero lo acabo de bautizar.

Las mentiras que a veces se cuentan,
Terminan dando un efecto poco interesante.

Yo no sé, que puede usted hacer,
Pero si sé lo que no puede hacer,
Y lo que tampoco quiere.

Entonces llega la tardía pregunta,
¿Qué es lo que usted quiere?

Si decirlo fuera tan difícil, 
Su vida se acabaría,
Pero sigue viva,
Incluso, utiliza muy bien la ironía.

No prometo una culpa compartida,
Pero si una historia llena de vida,
No como la de las películas,
Aunque usted crea que es parecida.

Si me da su mano y la llevo a conocer,
Algo de mí que nunca se imaginó.

Pero, tampoco le conozco yo,
Surge sólo cuando estoy a su alrededor.

Y mi creciente osadía de querer conocerle,
Me ha llevado a esta zona sin salida.

Usted tiene la llave de mi partida,
Y suele guardarla, para olvidar que la tenía.

Si, ata sus manos y sus sentimientos,
Pero eso de nada sirve,
Alguna vez lo intenté,
Y cuando no fue amor, llegó a funcionar.

Es inevitable pronunciar esa palabra,
Por más que juré que no lo haría.

Y no me tiene a sus pies,
Tampoco a su lado,
Soy una compañía que no necesita presencia.



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