Te presentaste dándole la mano a mi corazón.
Otra noche se iba pero ésta se volvió diferente.
Tus ojos miraban mis labios y los ridiculizaste.
Sonreí creyendo que tendría una gran oportunidad.
Tu intención era conocer el otro sabor que tiene el amor.
Yo, no tenía intención de dejar pasar un día más.
La urgencia se convirtió en el castigo permanente.
Tus creencias se volvieron contradicciones.
Tus labios quemaron a los míos sin curarlos.
Y, ahora que miro atrás me doy cuenta...
No eras tú quien cometía errores a cada minuto.
Era yo, me forcé a quererte, a creérmelo.
Y cuando lo comprendí ya había derramado lágrimas.
Aún así, aprendí, contigo muchas cosas aprendí.
Gracias a ti, ahora sé cuando en realidad puedo amar.
Fue el mejor regalo que voluntariamente no me quisiste entregar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario