No hay nada como entrar al espacio de otro,
No hay nada como entrar en la cabeza de otro,
Y comenzar a pensar de una forma diferente.

viernes, 6 de enero de 2012

Escala Rockwell.

Ella sonríe desde su lugar favorito, despierta y con la esperanza de que él jamás vuelva a aparecerse en su vida o despertará esa rabia que siente una persona que odia que se burlen de ella.
Se levanta y camina paso a paso... meditando.
Siempre había creído que sería la persona idónea, la persona con la que viviría el resto de su vida, pero eso fue sólo un pasaje más de su vida, aunque... no quiere verlo aparecer de nuevo en ella o tendrá que actuar.
Es simple: Él no se aparece, ella guarda muy dentro sus fantasmas, sus ganas monstruosas de dañar, si esas ganas aparecen de nuevo, probablemente nadie la pueda detener, por eso imploró al cielo: "Que no regrese".

Le había preocupado su carta, él nunca le escribía cartas y ahora se dignaba a enviarle una, diciéndole que le perdonara, nunca quiso hacerlo pero había sido necesario, ahora se había liberado de todo y creía, no, aseguraba que ella aún lo esperaba, que ella aún moría por estar a su lado, cuando en realidad lo que le esperaba al otro lado, no era la amante triste y desconsolada, no era la persona sumisa que en un momento había conocido, ahora era ella, la verdadera, su identidad había salido por fin, sin más afán que recordarle.... como te recuerda la llaga viva que no cicatriza tan rápido.

Miró su habitación, era justo como la quería, abrió la puerta y bajó las escaleras pero antes de llegar, alguien tocó el timbre de su puerta, fue hacia ella y al abrirla lo vio, llevaba un ramo de flores en la mano y en la otra: nada.
Lo miró por un largo rato sin decir una palabra, por lo que él habló:-Disculpa que llegue así, es sólo que no recibía respuesta, así que decidí pasar a tu casa y te traje este ramo-Le sonrió, con esa sonrisa cínica que la había cautivado, ¿rosas?, así quería arreglar el daño que había causado, pues bien, le daría lo que necesitaba...

Lo invitó a pasar, sus padres habían salido de viaje.

Le gustaba su casa, era una cabaña en medio del bosque, miró que él veía sus cicatrices, las que había hecho en su brazo recientemente, se jaló la manga que para su desgracia no alcanzó a cubrir las heridas, cesó en su esfuerzo:-¿Te quieres sentar?-Preguntó ella, mirándolo fijamente-Claro-Respondió él, yendo a la sala, al sillón en el que se había sentado muchas veces y en el que veía el televisor-¿Gustas algo?-Volvió a preguntar ella, mirando como se ponía cómodo-Agua-Respondió él sonriendo seductoramente, ella se dio la vuelta y caminó hacia la cocina, tomó un vaso de cristal y lo miró, encontró que estaba sucio, no lo lavaría, de cualquier forma, no lo iba a necesitar, abrió el cajón que se encontraba en la mesa del centro y miró las cuatro clases de cuchillos que había... ¿Cuál sería el tipo ideal para infligir dolor?...

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