Esta es la ducentésima entrada.
Que le dedicaré a él.
Él, una historia que se mezcló con la mía,
No dudo que alguien me puso a su lado,
Para que fuera de mi sangre, fuente de vida.
Él, que lo sabe y yo también lo sé,
Porque regresó sufriendo por ella,
Y le entregué tiempo, lo calmé.
Me decía tantas cosas, tantas cosas..
Me platicaba todo lo que quería,
Leía libros de historia porque podía.
Y dice que le enseñé la paciencia de leer,
Las letras de un libro, él pudo comprender.
Y volvió a vivir su relación intensa,
Esta vez con un final que no se piensa.
Él, que a sus veintidós años...
Tomó un camino bastante diferente,
Y aún así el lazo siguen uniéndonos,
Ya no nos parecemos tanto...
Pero sigue siendo un gigante.
Un día pelear, otro día sonreír,
Un día sobrevivir a la tempestad,
Contar con que él siempre esté ahí,
Para mí.
Una forma de amor inexplicable,
Una relación solamente inevitable,
Muestra de diferencias irreconciliables,
Y aún así, él vuelve a tener mi sangre.
Esa sangre que nos llena las venas,
Esa infancia que nos llevó de la mano,
Esa mi sangre que con nada más se mezcla,
Más que contigo, mi hermano.
Compartimos el mundo y queremos volar,
Sabemos lo que el otro puede lograr,
Y queremos ambos ser, lo que importe más.
A ti, que siempre has sabido de mí,
A mí, que nadie es tan importante como tú.
Felicidades por ser grande.

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