Cuando rompimos los silencios,
Nuestra alma se intensificó,
Cuando callabas y no decías adiós,
Mientras tu silencio era un eco vivo.
Permanecí queriendo hablar,
Pero nada valía la pena,
El color de la vista me agradó,
Rompiste los moldes, añadiendo ficción.
Y siempre era el silencio,
La melodía cómoda y suave,
Sobrevivimos a las tormentas,
Y disfrutamos de las ofrendas.
La pasión dibujada en la puerta,
Y el silencio ahogando sentidos,
Colgando los reproches en el perchero,
Entregando los principios.
El silencio se vistió con fuerza,
Rogando que nuestra boca fuera muda,
Nos elevó del suelo con destreza,
Y nos bajó sin sutileza alguna.
Tengo el eco de lo que dije,
Porque es mejor calla que hablar,
Me sometí a tratamiento natural,
Para aprender del silencio...
Aquello que tú me quisiste enseñar.
Y que tres días parezcan nuestra luna de miel,
Donde el olvido te da,
Aquello que no quieres dejar de ver.
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