Ella entró a la habitación, su aroma le alertó.
Los sentidos se bloquearon y la tomó en una prisión.
Ató sus pensamientos a su persona,
Compró gasolina para encenderla,
Perdió la noción del tiempo.
Le rompió la ropa en dos,
Sin tocarla la martirizó,
Sonreía desde su lugar,
Mirando sólo su silueta.
Nunca fue su intención atraparla así,
Pero ella había caído en su trampa.
No soy un demonio, se decía a sí misma.
Y no tengo miedo de tu presencia.
Se acercó a ella con un cerillo,
Y comenzó a pasarlo por su piel,
Su piel, se encendía..
Y paso a paso, ella gemía.
Algo perturbaba sus sentidos y le molestaba,
No podía ver si sonreía...
No podía mirarla a la cara.
Cortó con un cuchillo sus manos,
Con la corazonada de que funcionaría,
Y ella, despertó... volvió a gemir.
Y en las heridas, le arrojó alcohol.
Pendiente de sus movimientos,
Sin detenerse ya a pensar.
Y cada tacto la quemaba,
También la había vibrar.
Cada caricia, la rompía en dos.
La martirizaba.
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