Ella en mi cama,
Todas, todas las mañanas,
Despierta en mí la calma,
Es mi pequeña hermana.
Jugué al cruel juego del adiós.
Pero no es un juego.
Rompí las barreras convencionales,
Las del tiempo y el espacio,
Fui canalla y hasta cobarde,
Y ahora la valentía de mí se sació.
Y no diré que el amor no sirve,
Por el sólo hecho de que se acaba,
Sucedió cuando me sucediste,
Y arrojé mis problemas en la almohada.
Así cada día al despertar,
Beberé un poco de mi realidad,
No olvido callar, tampoco hablar,
Pero desde hace tiempo despierto y ahí estás.
Como un dulce que no me canso de probar,
Como un sentimiento que no se debe evadir,
Y soy una manojo de nervios para llamar,
Soy quién de todo esto, ya quiere salir.
Estaré buscando la excusa perfecta,
Para acercar mis labios a los tuyos,
Estaré bebiendo de tu boca tan despierta,
Aquél veneno que tu mundo te dio, el orgullo.
Y lo tiraré al suelo.
Y será perfecto.
Hice lo que el corazón no ordenó.
Hice lo que el destino me pidió.
Y ahora veo,
El alma se purifica,
El mundo se suaviza,
El laberinto se acomoda,
La historia como una semilla brota.
Y soy otra.
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