Árboles morados.
Me encantan los árboles morados.
Una sonrisa le voy a regalar,
Un beso, pero no una caricia,
Una desenfadada muestra de frialdad,
Un breve saludo de bienvenida.
No importa cuánto tiempo le tome a él,
Cuántas palabras de odio le pueda decir,
No importa porque sabemos bien,
Que pocas cosas le pueden hacer reír.
Y la dulce miel de sus ojos se derramará,
Es como la ruleta rusa, hay que perder,
Porque si no se sabe lo que se tiene,
Ganar, en realidad sería fallar.
Empecemos de nuevo por favor,
Cruzan tantos pensamientos en mi mente
Que pierdo el hilo, la intención,
Y terminan pensando que estoy demente.
No corazon, tú me rompiste en tres;
Porque uno no puede luchar solo,
Si alguien pudiera tan sólo comprender,
Que sordo no significa loco.
Y al revés.
Pero quien entiende estas líneas,
Realmente no entiende nada,
Todo los días despiertas con prisa,
Olvidando que estás donde yo estaba.
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